Hace mucho que se puso de moda el término "follamigo". Son esas personas con
las que solo quedas para tener sexo; no importa donde vive, ni si estudia o trabaja, nada.
Solo importa el sexo con ese alguien.
Muchos pensarán que tener a una persona así debe ser algo maravilloso, mucho sexo
y nada de preguntas ni cursiladas. ¿Follamigos? ME-LO-LLEVO. Claro, no tiene desventajas.
Todo es pasarlo bien, placer y disfrutar. Lo único, y más importante, es que se debe dejar
todo claro. No hay sentimientos, solo placer.
Hasta ahí todo perfecto. Vale, es solo sexo, no hay sentimientos. Pero siempre me ha
asaltado una duda, ¿follar con alguien muchas veces no hace que surjan sentimientos?
Es decir, aunque se mantengan relaciones sexuales por el puro deseo de obtener placer,
eso no lo hace menos personal, menos íntimo. Entonces, cuando dos personas, durante
un tiempo relativamente largo, mantienen este tipo de encuentros, ¿no nacen sentimientos?
Yo siempre apoyaré el sexo. Si son relaciones consentidas, seguras y placenteras, ¿qué hay
de malo? El sexo está para disfrutarlo. Aunque de tanto usarlo, no ocurre como en la
canción, no se agota, sino que puede crecer... Y ese placer por el placer convertirse en
placer mezclado con amor.
domingo, 20 de abril de 2014
viernes, 18 de abril de 2014
El tiempo en espera
Ya he hablado sobre la primera cita y la segunda. Ahora toca escribir sobre el tiempo
que debemos dejar pasar entre ambas.
Supongamos que la primera ha ido bien, muy bien... Y las ganas de volver a quedar son grandes.
Tanto como las ganas de volver a darle un beso. Entonces, te planteas dos preguntas
fundamentales: "¿Debo dar el paso y proponer quedar?" y "¿Es muy pronto para hacerlo?".
Se supone que en temas de amor debemos dejarnos llevar por el corazón, pero también
sabemos que eso es peligroso. Además, es inevitable que pensemos y pensemos y pensemos
lo que será mejor para nosotros. Al fin y al cabo, no queremos dejar nada al azar.
Te preguntas mil veces las dos cuestiones de arriba; se las planteas a tus amigos; a tu madre;
incluso, a tu perro... Preguntas que, para bien o para mal, no tienen una respuesta única y acertada.
Puede que, en el fondo, sepamos que es bueno dejarnos llevar e ilusionarnos con esa
segunda cita. Una segunda cita que es más importante que la primera porque en la segunda
todo se confirma, todo se ve más claro, sin tantos nervios ni tensión... La segunda cita, en
definitiva, es ese momento en el que decides si todo vale la pena o no. Si vale la pena
arriesgar y tirarte a la piscina, aunque no sepas nadar.
Y, como en casi todas las preguntas sobre amor, no hay respuesta posible. El tiempo que debemos
dejar pasar entre la primera y la segunda cita depende de las ganas, de si la primera ha ido bien,
de dar el paso y proponerlo, de dejarse llevar...
Porque, al fin y al cabo, aunque nos asuste y nos paralice, el amor es dejarnos llevar.
que debemos dejar pasar entre ambas.
Supongamos que la primera ha ido bien, muy bien... Y las ganas de volver a quedar son grandes.
Tanto como las ganas de volver a darle un beso. Entonces, te planteas dos preguntas
fundamentales: "¿Debo dar el paso y proponer quedar?" y "¿Es muy pronto para hacerlo?".
Se supone que en temas de amor debemos dejarnos llevar por el corazón, pero también
sabemos que eso es peligroso. Además, es inevitable que pensemos y pensemos y pensemos
lo que será mejor para nosotros. Al fin y al cabo, no queremos dejar nada al azar.
Te preguntas mil veces las dos cuestiones de arriba; se las planteas a tus amigos; a tu madre;
incluso, a tu perro... Preguntas que, para bien o para mal, no tienen una respuesta única y acertada.
Puede que, en el fondo, sepamos que es bueno dejarnos llevar e ilusionarnos con esa
segunda cita. Una segunda cita que es más importante que la primera porque en la segunda
todo se confirma, todo se ve más claro, sin tantos nervios ni tensión... La segunda cita, en
definitiva, es ese momento en el que decides si todo vale la pena o no. Si vale la pena
arriesgar y tirarte a la piscina, aunque no sepas nadar.
Y, como en casi todas las preguntas sobre amor, no hay respuesta posible. El tiempo que debemos
dejar pasar entre la primera y la segunda cita depende de las ganas, de si la primera ha ido bien,
de dar el paso y proponerlo, de dejarse llevar...
Porque, al fin y al cabo, aunque nos asuste y nos paralice, el amor es dejarnos llevar.
miércoles, 16 de abril de 2014
El tonteo antes del enamoramiento
El otro día hablaba con unos amigos sobre el tiempo existente entre el tonteo y el enamoramiento. Sí, ese tiempo que hay en el que puedes librarte de enamorarte y salir corriendo... Si lo crees necesario.
Por ejemplo, conoces a alguien y te encanta... Quedan, se conocen, hacen mil cosas juntas, se acuestan... Entonces llega la pregunta: ¿sigo adelante, corriendo el riesgo de enamorarme? Enamorarse no es ninguna gilipollez. Enamorarnos significa volvernos vulnerables ante alguien. Una vez leí por ahí que enamorarse es darle las armas a otra persona para hacerte daño, pero confiar en que no lo hará. Bonito, pero peligroso. El amor es peligroso.
Y llegados a ese punto en el que puedes huir, ¿qué haces que te quedes o corras? Supongo que nunca estamos seguros de nada, y que enamorarse es un riesgo que decidimos asumir. Entonces, cuando ves que alguien con el que quedas pasa de ti o sientes que no te da lo mismo que tú... ¿No es mejor huir? Antes de pasar el enamoramiento total y absoluto. Ese del que podemos salir, sí, pero sufriendo más.
"Muerto el perro, se acabó la rabia". Siempre me ha gustado ese refrán. Sí, si no arriesgas, no ganas; pero, en ocasiones, debemos aceptar que no es el momento adecuado de arriesgar.
Y seguir adelante.
Por ejemplo, conoces a alguien y te encanta... Quedan, se conocen, hacen mil cosas juntas, se acuestan... Entonces llega la pregunta: ¿sigo adelante, corriendo el riesgo de enamorarme? Enamorarse no es ninguna gilipollez. Enamorarnos significa volvernos vulnerables ante alguien. Una vez leí por ahí que enamorarse es darle las armas a otra persona para hacerte daño, pero confiar en que no lo hará. Bonito, pero peligroso. El amor es peligroso.
Y llegados a ese punto en el que puedes huir, ¿qué haces que te quedes o corras? Supongo que nunca estamos seguros de nada, y que enamorarse es un riesgo que decidimos asumir. Entonces, cuando ves que alguien con el que quedas pasa de ti o sientes que no te da lo mismo que tú... ¿No es mejor huir? Antes de pasar el enamoramiento total y absoluto. Ese del que podemos salir, sí, pero sufriendo más.
"Muerto el perro, se acabó la rabia". Siempre me ha gustado ese refrán. Sí, si no arriesgas, no ganas; pero, en ocasiones, debemos aceptar que no es el momento adecuado de arriesgar.
Y seguir adelante.
martes, 8 de abril de 2014
Amigos con derecho a roce
Hace semanas leí, no sé dónde, un artículo a favor del sexo entre amigos... En dicho artículo se afirmaba que tener sexo con amigos es beneficioso por dos motivos: 1. Ya existe la confianza necesaria para poder intimar con alguien con todas las de la ley (como si hiciera falta eso para tener sexo con alguien hoy en día) y 2. Se consigue ir un paso más allá con ese amigo y formar una relación, aún, más especial.
Vale, puede que en parte tengan razón, ¿no? Es decir, la confianza con un amigo ya es total y puedes hacer de todo en la cama sin miedo a determinadas cosas y, sí, vas un paso más allá con ese amigo, pero... ¿Es bueno dar ese paso? ¿De verdad el sexo con amigos mola tanto?
No sé, siempre he oído lo contrario. "¿Sexo con amigos? ¡ESTÁS LOCO! Eso mata la amistad". ¿La mata? ¿De verdad? Creo que es exagerar un poco. Es decir, si dos personas están de acuerdo en acostarse, ¿por qué tiene que ser algo malo?
Sinceramente, siempre he pensado que acostarse con amigos es un juego peligroso. Los amigos, de siempre, se han visto como seres inmaculados, como seres "prohibidos". Pero, ¿y si estamos yendo un paso más allá? ¿Y si la nueva moda es tener sexo con amigos en vez de tenerlo con desconocidos? Puede que, en unos años, la gente se lleva las manos a la cabeza cuando alguien diga "No tengo sexo con amigos. ¡ESTÁS LOCO! Pero si tener sexo con amigos es lo mejor"
Sexo con amigos... ¿Sí? ¿No? ¿NS/NC?
Vale, puede que en parte tengan razón, ¿no? Es decir, la confianza con un amigo ya es total y puedes hacer de todo en la cama sin miedo a determinadas cosas y, sí, vas un paso más allá con ese amigo, pero... ¿Es bueno dar ese paso? ¿De verdad el sexo con amigos mola tanto?
No sé, siempre he oído lo contrario. "¿Sexo con amigos? ¡ESTÁS LOCO! Eso mata la amistad". ¿La mata? ¿De verdad? Creo que es exagerar un poco. Es decir, si dos personas están de acuerdo en acostarse, ¿por qué tiene que ser algo malo?
Sinceramente, siempre he pensado que acostarse con amigos es un juego peligroso. Los amigos, de siempre, se han visto como seres inmaculados, como seres "prohibidos". Pero, ¿y si estamos yendo un paso más allá? ¿Y si la nueva moda es tener sexo con amigos en vez de tenerlo con desconocidos? Puede que, en unos años, la gente se lleva las manos a la cabeza cuando alguien diga "No tengo sexo con amigos. ¡ESTÁS LOCO! Pero si tener sexo con amigos es lo mejor"
Sexo con amigos... ¿Sí? ¿No? ¿NS/NC?
viernes, 4 de abril de 2014
Ruptura
Hace unos días estuve pensando en el fin de las relaciones. Vamos, que las cosas se acaban, es algo evidente, pero, ¿por qué casi nadie habla del fin de las relaciones de amistad? Todo el mundo escribe sobre el fin del amor entre novios, pero, ¿qué pasa con los amigos? ¿Cuántos de ustedes han pensado en rupturas de amigos al leer la entrada de esta entrada? Estoy convencido que ninguno.
Siempre he pensado que la ruptura entre dos amigos es más triste y difícil de sobrellevar. Evidentemente, romper con tu pareja es un trago amargo y, en ocasiones, una forma de sentirse perdido y desamparado, pero si nos ponemos a pensar en nuestros mejores amigos... ¿Alguna vez han pensado que puedan dejar de ser amigos de sus mejores amigos? Por eso mismo, por no ser algo común, no estamos listos para ellos y, por tanto, el fin nos pilla por sorpresa.
Yo, cuando pienso en mis mejores amigos, nunca pienso que podamos separarnos, que la amistad se acabe y no volvamos a saber nada los unos de los otros. Sin embargo, cuando empiezo a salir con alguien, no es que piense en la ruptura, pero sí es algo que veo más probable que suceda... Por lo tanto, ¿por qué nadie nos prepara para las rupturas con nuestros amigos? ¿Por qué nadie se preocupa de hablarnos sobre eso?
Dicen que los buenos amigos son para siempre y que las parejas van y vienen... Quizás no todo sea blanco y negro, sino que en medio hay muchas tonalidades de grises... Puede que existan parejas para toda la vida y amigos que van y vienen. No lo sé. Lo único que tengo claro es que mis mejores amigos, esos que siempre han estado conmigo, estarán a mi lado pase lo que pase... Y es que, la amistad verdadera, es un bien escaso en esta sociedad.
Siempre he pensado que la ruptura entre dos amigos es más triste y difícil de sobrellevar. Evidentemente, romper con tu pareja es un trago amargo y, en ocasiones, una forma de sentirse perdido y desamparado, pero si nos ponemos a pensar en nuestros mejores amigos... ¿Alguna vez han pensado que puedan dejar de ser amigos de sus mejores amigos? Por eso mismo, por no ser algo común, no estamos listos para ellos y, por tanto, el fin nos pilla por sorpresa.
Yo, cuando pienso en mis mejores amigos, nunca pienso que podamos separarnos, que la amistad se acabe y no volvamos a saber nada los unos de los otros. Sin embargo, cuando empiezo a salir con alguien, no es que piense en la ruptura, pero sí es algo que veo más probable que suceda... Por lo tanto, ¿por qué nadie nos prepara para las rupturas con nuestros amigos? ¿Por qué nadie se preocupa de hablarnos sobre eso?
Dicen que los buenos amigos son para siempre y que las parejas van y vienen... Quizás no todo sea blanco y negro, sino que en medio hay muchas tonalidades de grises... Puede que existan parejas para toda la vida y amigos que van y vienen. No lo sé. Lo único que tengo claro es que mis mejores amigos, esos que siempre han estado conmigo, estarán a mi lado pase lo que pase... Y es que, la amistad verdadera, es un bien escaso en esta sociedad.
viernes, 28 de marzo de 2014
Semilla
Hoy ha acabado una etapa de mi vida. Hoy han llegado al final mis prácticas en la Asociación Semilla. Han sido cinco meses de muchas emociones, de ver cosas preciosas y otras no tanto, de avanzar, de madurar, de seguir creyendo en la humanidad y, sobre todo, de ver la solidaridad a mi alrededor.
Trabajar con adolescentes ha sido más fácil de lo que pensaba. No ha sido un camino de rosas, pero tampoco ha sido un infierno, ni mucho menos. Estos jóvenes, que están perdidos, buscando algo a lo que aferrarse no buscan peleas ni ser malos ni enfrentarse a nadie. No más que ningún otro adolescente que viva con sus padres, en una casa con comodidades y con todas sus necesidades cubiertas. Porque en eso son iguales: jóvenes rebeldes, que se creen que lo saben todo y que pueden comerse el mundo sin dudar. Los chicos que vienen a Semilla, lejos de ser los típicos macarras o chonis que todos podrían pensar, son jóvenes con una gran necesidad de cariño, y eso es justamente lo que piden: un abrazo, un consejo, sentirse escuchados y valorados. Porque ya están, estoy y estamos cansados de ver como en esta sociedad prima lo malo sobre lo bueno; de ver como un error puede más que mil aciertos; de sentir que da igual lo bueno que hayas sido, que si cometes un maldito error, ya solo te juzgarán por eso. Y la vida es mucho más que eso, la vida es saber perdonar, saber avanzar, saber ver más allá de sus caras de enfado y de sus actitudes chulescas. Porque entonces, y solo entonces, podremos saber que buscan sentirse queridos, aceptados e integrados. Vamos, lo que buscas tú, yo y todos en esta sociedad.
Siempre me preguntan por qué he decidido estudiar Integración Social y siempre respondo lo mismo: durante mi infancia y adolescencia me sentí marginado, insultado y horrible por mi orientación sexual. No podía entender tanto odio por el simple hecho de querer a alguien de mi mismo sexo. ¿Qué mal había hecho? ¿Por qué me odiaban tanto? Y al sentirme así, me juré que, si podía, intentaría evitar que alguien más se sintiera así: un despojo. Por ello he estudiado Integración Social. Puede que peque de flipado, de querer cambiar el mundo o, simplemente, peque de ingenuo. No lo sé.
Sé que no puedo cambiar el mundo, pero sí puedo cambiar MI mundo. Y con ello, ir avanzando y cambiar el mundo al completo. ¿Quién sabe? ¿Estoy soñando despierto? Puede ser. Pero si no soñamos, ¿qué nos queda?
Trabajar con adolescentes ha sido más fácil de lo que pensaba. No ha sido un camino de rosas, pero tampoco ha sido un infierno, ni mucho menos. Estos jóvenes, que están perdidos, buscando algo a lo que aferrarse no buscan peleas ni ser malos ni enfrentarse a nadie. No más que ningún otro adolescente que viva con sus padres, en una casa con comodidades y con todas sus necesidades cubiertas. Porque en eso son iguales: jóvenes rebeldes, que se creen que lo saben todo y que pueden comerse el mundo sin dudar. Los chicos que vienen a Semilla, lejos de ser los típicos macarras o chonis que todos podrían pensar, son jóvenes con una gran necesidad de cariño, y eso es justamente lo que piden: un abrazo, un consejo, sentirse escuchados y valorados. Porque ya están, estoy y estamos cansados de ver como en esta sociedad prima lo malo sobre lo bueno; de ver como un error puede más que mil aciertos; de sentir que da igual lo bueno que hayas sido, que si cometes un maldito error, ya solo te juzgarán por eso. Y la vida es mucho más que eso, la vida es saber perdonar, saber avanzar, saber ver más allá de sus caras de enfado y de sus actitudes chulescas. Porque entonces, y solo entonces, podremos saber que buscan sentirse queridos, aceptados e integrados. Vamos, lo que buscas tú, yo y todos en esta sociedad.
Siempre me preguntan por qué he decidido estudiar Integración Social y siempre respondo lo mismo: durante mi infancia y adolescencia me sentí marginado, insultado y horrible por mi orientación sexual. No podía entender tanto odio por el simple hecho de querer a alguien de mi mismo sexo. ¿Qué mal había hecho? ¿Por qué me odiaban tanto? Y al sentirme así, me juré que, si podía, intentaría evitar que alguien más se sintiera así: un despojo. Por ello he estudiado Integración Social. Puede que peque de flipado, de querer cambiar el mundo o, simplemente, peque de ingenuo. No lo sé.
Sé que no puedo cambiar el mundo, pero sí puedo cambiar MI mundo. Y con ello, ir avanzando y cambiar el mundo al completo. ¿Quién sabe? ¿Estoy soñando despierto? Puede ser. Pero si no soñamos, ¿qué nos queda?
Me quedo con esta postal que me hizo una de las adolescentes que va a Semilla, como despedida. Es de las cosas más bonitas que me han pasado nunca.
jueves, 6 de marzo de 2014
El lado bueno de las cosas
El otro día en la Asociación Semilla, donde estoy haciendo las prácticas, empezamos a hablar con los chicos sobre los gestos positivos que nos rodean. El resultado fue un poco desolador: para estos jóvenes lo que más abunda en el mundo son los gestos negativos, esa parte mala del ser humano que hace que no tengamos confianza en los demás. ¿Por qué?
Es cierto que los gestos o actitudes negativas abundan a nuestro alrededor y que a diario vemos situaciones desalentadoras que hacen que nos cueste creer en el ser humano. No tenemos sino que mirar la televisión o leer el periódico para ver todo lo malo de las personas: políticos corruptos, robos, violencia, delincuencia... Tras ver todo esto, es normal que estos chicos tengan esa imagen tan negativa del mundo que les rodea, pero, ¿qué pasa con las cosas buenas que ocurren a nuestro alrededor? ¿Por qué siempre nos centramos en lo malo y no en lo bueno?
Cada día, yendo en el metro o caminando por la calle, debemos intentar ver lo bueno que nos rodea, que son muchas cosas: alguien que se levanta para ceder su asiento en el metro a una persona mayor o una mujer embarazada, alguien que se para para indicar una dirección, que ten los buenos días o te den las gracias por cualquier cosa... Son pequeños gestos positivos que podemos ver a diario y que, en ocasiones, no les damos importancia, pero que están ahí, a nuestro lado para hacernos sonreír o para hacernos creer en las personas que habitan este planeta y no tener dudas que está lleno de gestos y actitudes positivas.
Porque debemos ver el lado bueno de las cosas.
Es cierto que los gestos o actitudes negativas abundan a nuestro alrededor y que a diario vemos situaciones desalentadoras que hacen que nos cueste creer en el ser humano. No tenemos sino que mirar la televisión o leer el periódico para ver todo lo malo de las personas: políticos corruptos, robos, violencia, delincuencia... Tras ver todo esto, es normal que estos chicos tengan esa imagen tan negativa del mundo que les rodea, pero, ¿qué pasa con las cosas buenas que ocurren a nuestro alrededor? ¿Por qué siempre nos centramos en lo malo y no en lo bueno?
Cada día, yendo en el metro o caminando por la calle, debemos intentar ver lo bueno que nos rodea, que son muchas cosas: alguien que se levanta para ceder su asiento en el metro a una persona mayor o una mujer embarazada, alguien que se para para indicar una dirección, que ten los buenos días o te den las gracias por cualquier cosa... Son pequeños gestos positivos que podemos ver a diario y que, en ocasiones, no les damos importancia, pero que están ahí, a nuestro lado para hacernos sonreír o para hacernos creer en las personas que habitan este planeta y no tener dudas que está lleno de gestos y actitudes positivas.
Porque debemos ver el lado bueno de las cosas.
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