lunes, 28 de julio de 2025

El malo

Un día te levantas y aceptas, de verdad, que hay historias donde eres el bueno y otras donde no. Historias donde te rompieron el corazón y otras donde lo rompiste tú. No hay buenos ni malos, solo personas sobreviviendo a las mierdas que nos toca vivir.


Sigues

Avanzas

Paras

Respiras


Y descubres que, por más que lo intentes, esas personas que te creen “el malo” van a seguir pensándolo hagas lo que hagas. Y eso también está bien.


Sigues

Avanzas

Paras

Respiras


Un día te levantas y aceptas, de verdad, que está bien dejar ir a esas personas para las que eres el malo. Supongo que, de alguna forma, ellas te dejaron ir mucho antes.

domingo, 20 de julio de 2025

Archivar

Lo que voy a decir va a sonar superficial, incluso, estúpido, pero en los tiempos que corren donde la tecnología lo inunda todo hay algo que me hace pensar mucho: la opción de archivar en Whatsapp.


Cuando archivas un chat suele ser, siempre, algo negativo. Esa persona “está de viaje”, quieres que “desaparezca” de tu vida o, simplemente, es una especie de punto y final. Algo tan simple como deslizar a la izquierda y adiós al chat, adiós a esa persona. PERO, aquí me surge una pregunta: ¿acaso no es peor borrar la conversación sin miramientos? Porque ahí no solo eliminas el chat, eliminas las fotos o los vídeos de años junto a esa persona. Eliminas una vida a su lado.


Porque seamos sinceros, todos tenemos personas intocables en el whatsapp donde nunca borramos sus conversaciones… Y, de vez en cuando, aunque hayan salido de nuestras vidas, a veces, solo a veces, nos metemos a ver esos recuerdos felices que un día te hicieron la persona más afortunada del mundo.

jueves, 19 de junio de 2025

Hogar

Hogar: seguridad, protección, sentirte a salvo. 

No, no hablo de cuatro paredes ni de un muro de bloques. Hablo de las personas que son hogar, esas que, con su sola presencia, te sientes en armonía con el universo. 


En un mundo lleno de odio y que va tan deprisa, encontrarte con alguien “hogar”, podríamos decir, es un regalo del cosmos. Algo que hace que la vida sea menos mierda y más perfecta.




Sí, siempre me ha gustado la palabra “hogar” porque tiene un significado poderoso, profundo, lleno de amor…

miércoles, 14 de mayo de 2025

Joey y Sophie

Me gusta pensar en mis gatos como mis hijos. Son mis hijos. Los veo y todo pasa, todo mejora, todo florece.

A veces me pongo a pensar en lo efímera de su existencia y me invade una tristeza infinita, pero, a la vez, me siento muy afortunado de darles lo mejor de mí día a día. Supongo que, quien no tenga animales en casa, no entenderá jamás esta devoción que siento por ellos.


Cuando los miro y, siento este amor tan profundo, me da pena pensar que ellos jamás serán conscientes de todas las veces que me han salvado. Y también siento pena por todas esas personas que jamás van a conocer a Joey y Sophie y no van a poder disfrutar todo el amor que dan (vale, Sophie un poquitín menos).



Y al mirarlos toda mi vida es más bonita.

jueves, 11 de febrero de 2016

Muerte

Nacemos para morir. Eso nadie lo discute. Siempre escuchas decir “hoy estamos aquí, mañana no sabemos”, “la vida es muy corta”, “la muerte no es cuestión de edad” y demás frases que se te meten en la cabeza desde bien pequeño. Incluso Disney, en casi todas sus películas, nos hablan de la muerte, algo devastador y que siempre cambia a lxs protagonistxs de la historia. Y como en esos cuentos animados, en la vida real, ocurre exactamente lo mismo.

La muerte. Llega y todo tu mundo cambia. Evidentemente, no hablo de la muerte de tu vecino el del quinto, al que saludas cuando lo ves; no hablo de la cajera que ves cuando vas al supermercado, de la que siempre te despides con una sonrisa; no hablo del dependiente de tu tienda favorita, el que te saca las mejores prendas para ti. No hablo de ninguno de ellos, hablo de la muerte de alguien tan cercano, que sientes que con esa persona se muere un poco de ti. Llega, te golpea y descubres que la vida sigue exactamente igual. Descubres que, a unos kilómetros más allá de donde lo están velando, hay una discoteca que sigue poniendo la música a todo volumen; descubre que mientras paseas o te sientas en un puto banco, preguntándote mil cosas, no dejas de escuchar esa melodía, que no te molesta, porque descubres que la vida sigue para todos. A nadie le importa tu pérdida, ellos ni conocían a esa persona que ahora está a unos metros de ti, metida en un ataúd. La música sigue sonando; la gente, en la calle, continúa sonriendo; las personas comen, en ese restaurante al que has ido a cenar con tus amigos, intentando desconectar... Y los miras, deseando volver a sonreír, deseando volver a tener ganas de bailar esa canción que suena en ese momento o deseando no sentir esa sensación de vacío y desolación que te invade.

Y descubres que la muerte está presente, algo que sabías desde que eras niño, pero que nunca te había tocado tan de cerca, como un golpe certero en la boca del estómago. Y durante un segundo, en el momento que te dicen lo inevitable, sientes que dejas de respirar. Como él. Y desde ese momento, descubres que su muerte lleva a una especie de nuevo “nacimiento” para ti. Ahora, todos tus recuerdos irán ordenados desde la fecha anterior a esa noche que todo lo cambió. Ahora todo será “eso sucedió antes de su muerte”, “aquello otro después de su muerte”, “esto otro antes”... Y así continuamente. Tu tiempo, tu espacio, todo cambia.

Un día, sin saber muy el porqué, descubres que estás sonriendo porque sabes que él está aquí, contigo. Y te da igual que suene a locura o a cuento chino, sabes que él nunca te abandonará. Él está en cada recuerdo, en cada fotografía, en cada papel donde ves su letra, en cada rincón de esta casa... Siempre con nosotros.




Aunque no estés, estás. 

domingo, 21 de junio de 2015

Sensibles

Vamos a empezar hablando claro: vivimos en una época en la que ser sensible es una putada, de las gordas.

¿Alguna vez no ha sido una putada ser sensible?

Alguien que lo es, se supone, vive todo con más intensidad, es más propenso a sufrir y acabar estampado contra una pared por diversas desilusiones. La sensibilidad, es definida por la RAE como: "propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura” o “capacidad de respuesta a muy pequeñas excitaciones, estímulos o causas”... ¿De verdad no es una gran putada dejarse afectar por esas pequeñas cosas? Sé que una persona que no es sensible, bueno, vamos a decir que es más fría, nunca podrá entender que las que lo sean, puedan sufrir por situaciones tan “ridículas” como: 1. se te muera un animal que acaba de llegar a tu casa o 2. llorar a moco tendido con una película (e, incluso, con una canción). No digo que alguien que no llore por esos motivos, u otros, sea peor, ni mucho menos. Cada ser humano es diferente, con sus cosas buenas y malas... Pero, la sensibilidad, en los tiempos que corren, donde se supone que gana el más fuerte; donde te pisan para poder ascender en la vida; donde si un hombre llora, ya es tachado de marica o sensiblón, ¿no es agotador serlo? Y aquí viene la otra putada, ser hombre y sensible. ¿Por qué esas dos cosas no pueden ir de la mano? ¿Quién lo ha estipulado así?

Aunque muchos lo puedan considerar una putada, ser sensible es de las mejores cosas que hay. Creo que los sensibles ven el mundo con más pasión, más dulzura, con esos ojos donde pueden ver la belleza en algo tan nimio como puede ser una puesta de sol o ver la lluvia golpear contra la ventana. Y sí, alguien que no sea tan sensible, jamás lo entenderá, pero eso no quiere decir que esté mal. Durante mucho tiempo la homosexualidad no fue entendida, ¿por eso es algo negativo? ¡No! El amor nunca puede ser negativo. Y aquí volvemos a lo de antes, una persona sensible lo ve así: el amor, del bueno, siempre es positivo, bonito, alegre. 

Sensible.

jueves, 2 de abril de 2015

De Madrid a cualquier parte

Dicen que cuando te marchas de un lugar tiendes a realizar la típica lista de cosas buenas que te ha dado esa ciudad que dejas atrás, una especie de recordatorio de todo lo que has aprendido y has vivido en ella.

Quien conozca Madrid sabrá que es mágica, especial. Madrid tiene ese algo que hace que te enamores de sus calles, de sus teatros, de sus edificios, de sus parques, de cada parte de esta palpitante urbe que nunca duerme.

Madrid me ha dado amor, del bueno; me ha dado desamor, del que dices "nunca más volveré a enamorarme"; amistades que me hacen reír a diario; estudios, me voy siendo un poco más inteligente (creo); risas a montones; sueños cumplidos, sueños por cumplir y otros que se han quedado por el camino; noches de fiesta y desenfreno; cine, mucho cine; conciertos mágicos; lágrimas, odio, añoranza, nostalgia, deseo; sexo, me ha dado sexo sublime; esperanza para seguir; la certeza de que puedo vivir lejos de mi familia y no morirme de hambre; la confirmación de que sin mar también se puede vivir, aunque joda; me ha dado madurez y ha logrado que avance; años, aquí me he hecho más viejo (drama); también me ha regalado alguna cana (doble drama); borracheras y bailes hasta el amanecer.

Madrid lo tiene todo para ser feliz. Y yo lo fui. Demasiado, diría yo. ¿Se puede ser demasiado feliz?

Madrid me ha dado ganas de vivir, de comerme el mundo. Pero, sobre todo, Madrid hizo que me aceptase tal y como soy. Sin miedos, sin vergüenza, sin odio a mí mismo.

Y como me han dicho dos buenas amigas: "tú no abandonas Madrid, lo dejas en pausa. Nosotros estaremos aquí cuando quieras volver a darle al play. Sigue escribiendo y soñando, aquí, allí o en la luna".