Hay una frase que no me gusta: “el perdón nos hará libres”. Libres, ¿de qué?. Vivimos en una sociedad donde se nos impone el tener que perdonar todo y si no lo hacemos, obvio, somos malas personas.
No digo que vivamos desde el rencor o anclados en “te odio por lo que me hiciste”. No, hablo de ir más allá. Hablo de avanzar, de seguir con nuestra vida desde la sanación propia sin que ello implique perdonarlo todo.
Mi perdón o el perdón de los demás hacía mí debe nacer desde la verdad, no desde la imposición por “ser bueno”. Y, seamos realistas, hay muchas ocasiones donde el auténtico perdón empieza por dejar atrás aquellas personas que, de una forma más o menos consciente,nos lastimaron.