miércoles, 4 de diciembre de 2013

Retroalimentación

Quiero hablar de algo que he hecho mucho (por desgracia) durante toda mi vida: ir detrás de la gente. No hablo solo en el terreno amoroso, también hablo en el terreno de la amistad. Supongo que todos tenemos amigos que son unos pasotas, que siempre hay que ir detrás de ellos para quedar o para saber cómo se sienten... Les mandas mensajes, te preocupas por ellos y, encima, te contestan que parece que te están perdonando la vida. Y eso, amigos míos, es muuuuuy agotador.

Ojo, no digo que no debamos preocuparnos por ellos y no escribirles, sino que todo en esta vida, y no solo en la cama, se trata de dar y recibir. ¿De qué sirve que tú te molestes en saber del otro, si esa persona no muestra interés por ti? Las relaciones así (del tipo que sean) están destinadas al fracaso.

De las cosas más bonitas que hay es sentir que eres importante para alguien. Saber que tus amigos se preocupan por ti, de tus éxitos y fracasos, de tus sueños. Que se preocupan por intentar que seas feliz, aunque sea en la distancia. El amor, del tipo que sea, se basa en la retroalimentación.

Supongo que tengo el día tonto (de ese del que habla, tan sabiamente, Pastora en una de sus canciones)... Pero escribir es una forma de desahogo y sacar todo lo que tengo dentro.

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